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Bitácora del monosabio

Greguerías recuperadas.

Greguerías recuperadas.

Ahí van otras juguetonas greguerías y falacias que revolviendo entre el polvo de mis legajos, recupero: 

Almohada: Asesor del indeciso. Automóvil: Objeto que aunque nos sirve para viajar y presumir, se abandona en la calle y con el paso de los años se convierte en hucha rota. Hombre: Parte no pensante del pene, que se camela con una buena mesa y poco más. Mujer: Las dos costillas y el externon de Adán con perneras. Primo: Familiar con parentesco algo tonto que cuanto más cercano es, se puede uno arrimar más. Mejillón: Molusco bivalvo afeminado que se depila poco. Zapatos: En potencia, estandartes de la ruina de un hombre. Hambre:  Bisílabo inteligente. Cama: Invento sublime en el que se hacen muy bien dos cosas. Girasol: Planta borrega que disfruta el cara al sol.

Irracionalidad animal.

Irracionalidad animal.

Aunque nos cueste reconocerlo, en muchas ocasiones nuestro instinto animal nos juega una mala pasada, resurgiendo en nuestros actos y recordándonos nuestros orígenes como especie; es inevitable pensar que en nuestros genes queden vestigios de esa particularidad y psicológicamente imposible ignorar tal circunstancia, que se hace latente en numerosas situaciones que vivimos periódicamente.

Aunque somos sociables, inteligentes y sentimentales, también tenemos la facilidad de ser todo lo contrario: beligerantes, torpes y crueles. El sabio Salomón en su más famosa sentencia bíblica, ya nos dejó patente su justa “crueldad”, cuando resolvió partir por la mitad el cuerpo de un niño, para satisfacer ambas partes en litigio.

La consecuencia en el tiempo, del acto original de lanzar un hueso o piedra a un congénere enemigo por parte de un simio, en el paleolítico, se traduce hoy a las distintas contiendas entre pueblos, en la mayoría de los casos por problemas de creencia religiosa o ideológicos, como ejemplo tomo el conflicto árabe-israelí, que enquistado en el tiempo, nos demuestra la capacidad humana de crear toda una filosofía y forma de vida (“modus vivendi”) de la guerra. Todo un circulo vicioso, que se muerde la cola regocijándose en su propia inmundicia: -La solución para la paz la tiene el enemigo, mientras lo mato-.

Aún nos protegemos en grupo y las creadas fronteras (baluartes de vergüenza) son nuestra mayor defensa, aunque ya, físicamente expugnables, nos servimos de otras barreras psicológicas de verdadera exclusión, que en nuestra sociedad están establecidas densamente, dejando entrever nuestra faceta xenófoba más hostil y depredadora.

-Somos animales racionales que irracionalmente actuamos-

La rebelión de la razón.

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-“No hay mal que 100 años dure...”- reza el dicho popular.
Las masas se revelan ante la sinrazón (ilógica equivocación consentida), intentando restablecer el modo natural, que de por sí, tiene la vida social en sus distintos órdenes. Éste movimiento improvisado y sin premeditación, no atiende a grupos raciales e ideologías, es el fruto altisonante de la expresión justa, que todo sujeto hace de su conciencia (anélido inquieto y roedor del alma).

Se puede ser rebelde sin pronunciar una palabra. Un solo gesto basta para cambiar una realidad impuesta, descompensada en su razón, que nos hace en su fin, entidades de precaria dignidad.

Con solo un punto de apoyo se puede mover el mundo; una frase puede hacer caer todo un imperio y un monosílabo ser la causa del comienzo de una guerra, embrionariamente injusta y desigual en sus trances, en la que con tradición temporal y sin laxitud, campará a sus anchas haciendo gala de su más descarnada faz, la muerte.

La guerra es un mal –que ya duró 100 años- que con dificultad globalmente se erradicará, ya que ésta se nutre y ceba en los fangos de la maldad humana, alentando en el individuo( “meneando el detritus”) sus mas bajos instintos pecaminosos, creciendo como una lengua de lava en su soliloquio exterminador.

“El pájaro real sobre la ciudad solar,

siete meses antes habrá hecho nocturno augurio,

sobre el muro de Oriente caerá trueno, relámpago,

siete días a las puertas estarán los enemigos”.

(Notradamus, profecia 81. V centuria.)

La complicada tarea de vivir.

Hay que continuar, la vida sigue, monótona e idéntica como un océano latente, aletargado...
Tenemos que pensar en el mañana, decorarlo en rosa y disimular nuestro tembloroso rictus. 

Seguir viviendo y ver que la omnipotente vida, continua su incongruente deriva, sembrando de quimérica simiente nuestro presente, derrotándolo.

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Greguerías.

Hoy va la cosa de greguerías, ese género literario que tan doctamente Ramón Gómez de la Serna instituyó.
Cavilando, he encontrado en mi intelecto algunas –de mi cosecha- que creo a bien compartir, con cualquier curioso lector de éste mi cuaderno de tribulaciones pensatorias.

Son éstas:

 

hand.jpgElefante: paquidermo con soplillos y trompeta.

Pez: animal con mucha sangre fría que muere por la boca.

Jinete: dícese del que monta un equino, aunque no sea pálido.

Tren: caballo de hierro con loco motor.

Bicicleta: biciclo moderno solo para el verano.

Político: figura que promete, después se enriquece y finalmente se quema.

Siamés: gato que vale por dos.

Cura: hombre con sotana y sobrina.

Vino: mezcla homogénea de mosto de uva y sudor de pie. (Como vino se fue).

Rockero: ciudadano de San Roque que nunca muere.

Cebra: asno con pijama.

Pingüino: híbrido de un ave y un director de orquesta ebrio.

Suegra: la “letra pequeña” del matrimonio.

La vecina: cotilla compulsiva, que expresado en galego se asemeja a un ave (a veciña)

Ladrón: dícese del individuo que tiene la facultad de que se le peguen las cosas.

Chupóptero: persona que disfruta de varios sueldos, sin pegar golpe.

Agua: líquido que se utiliza para criar ranas y que se bebe cuando no hay otra cosa.

 Copyright: Sim monosabio ©

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3 minutos para morir.

Diariamente, la ansiedad incontrolada de tener que llegar –o ser- el primero en todos los aspectos de nuestra cotidianidad, nos reta a comportarnos como auténticos autómatas (conejito duracell en una desesperada e inútil carrera al final –irremisible- de su autonomía vital alcalina). Ese apresurado estado, que no conduce a lugar alguno y que “tecnócramente” llamamos “stress”, no es más que el desahogo propio con que responde nuestro organismo, ante avalancha tal de obligaciones y responsabilidades que nos lanza nuestra querida sociedad del bienestar (bien vivir y bien gastar). 


Hay que llegar puntual al trabajo, a la cita médico-ambulatoria (3 minutos fonendoscópicos), la cerveza del medio día (que no se enfríe
), el vino (y se fué) idem; y no olvidemos con puntual disciplina teutónica, abonar nuestras facturas en el banco (-ban de bandidos Corporation: ban-co., aunque lo de Botin tiene peor concordancia ); hasta para morirse hay que pagar! y con prestosidad. Tampoco se puede –debe- acudir en deshoras a casa (sopena regañina femino-moral y pernocta con seudo alejamiento lechal); es decir, o somos puntuales o nos luce ipso-facto la alopecia (bisoñé a algunos) por mucho que dentro de 100 años seamos calvos todos...


 
Concluyendo: unas prisas bien llevadas, sin  sorpresas de última hora, multas de tráfico (restada alevosa puntual), respetuosas con nuestra integridad físico-emotivo-sensorial, serán nuestras inseparables compañeras de viaje, aunque teniéndolas como aliadas, para que queremos enemigas, decía el pícaro...

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Pasado, presente y futuro.

Pasado, presente y futuro.

Incesantes los días, caen del almanaque de nuestra existencia como losas inamovibles, perpetuamente en el pasado quedan, haciéndonos recordar lo que no llegamos a realizar o concluir. Ardua y veloz llevan su acompasada caída hacia ese rincón del olvido y en su caer acelerado un subliminal “Tempus fugit” nos inquieta; evocándonos lo que fuimos, haciéndonos pensar lo que ya no seremos. 

Con esa perspectiva de la retaguardia temporal (recordar aderezado) afrontamos el futuro, siempre con la sombra de la incertidumbre. El ser humano siente miedo a lo desconocido y aunque necesita y le fascina descubrir, conquistar...la sola idea de su intangibilidad le resulta desconcertante; lo imagina (el por-venir) impregnado de una inseguridad premeditada.

 
Por otra parte, la “circunstancialidad” (den por correcta la expresión) temporal de la persona –tomando la premisa del maestro Jose Ortega y Gasset: Yo soy yo y mi circunstancia”- tan solo podemos definirla en un plano presente o pasado: El “soy” y el “era” son realidades conscientes, actos definidos (circunstancias acontecidas o que acontecen), mientras que situadas en el futuro (“seré”), son siempre obligatoriamente imaginadas. 

De dónde venimos, qué hacemos aquí y hacía dónde vamos
, son las tres grandes preguntas que siempre se ha hecho la humanidad. Si las analizamos, vemos que cada una corresponde a un vector de las tres dimensiones temporales: pasado, presente y futuro. Preguntas sin respuesta aparente, que encauzamos individualmente según nuestras convicciones dándoles un “porque” alentador y expectante a la vez.

La arruga es bella.

Cada vez más nos preocupamos de nuestro aspecto externo, buscamos la belleza tratando de mejorar nuestro físico, a base de dietas prometedoras de falsas expectativas (lineales) y adquirimos sanos y parcos hábitos alimenticios (cenas del hambre caprichosas). Todo con el fin de estar espléndid@ y a la moda.

Diríamos que el hombre moderno vive para gustar: Gustarse a sí mismo y ser admirado por los demás.

¿Nos realizamos con este "modus vivendi"o somos unos ególatras narcisistas?

Hoy leí en la prensa que la gente gorda provoca el calentamiento global – dice en un artículo Sheldon H. Jacobson, de la Universidad de Illinois -. Del mismo modo, su alumna de doctorado Laura McLay publica en la prestigiosa The Engineering Economist, un trabajo sobre cuánta gasolina adicional se consume transportando a estadounidenses pasados de peso (3.800 millones de litros/año).

A modo de caricatura con poca gracia, en el New York Times aparece esto, referente al mismo debate:
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1. El obeso se come un pastel, por lo que 2. Un botón se le salta de la camisa, prendiendo una antorcha de propano 3. Que influye en el calentamiento global y 4. Calienta el agua, matando especies en peligro 5. El agua condensada hace crecer una flor 6. Volcando una caja con secretos nucleares 7. Que caen en manos de un espía, causando la proliferación nuclear. 8. El espía huye corriendo sobre una cinta, que hace girar una sierra que 9. Tala una selva brasileña.

¿Hasta dónde vamos a llegar?

Es sabido que el ser humano es sociable aturaleza y dentro de esa facilidad por las relaciones con sus congéneres, catapulta el afán de ser el/la mejor, el más dominant@, traducido a nuestra época: ser popular. Para lograr éste fin tiene que ser el más perfecto en formas (estéticamente solvente) –primitivamente era el más fuerte-.

Hay quién emplea cifras de dinero importantes en "retocar" ciertas zonas de su cuerpo, usando y abusando de la cirugía estética, queriendo plasmar en su deprimida anatomía (otra que no es la de Grey) un poco de la gracia celeste de Miguel Angel y no perderse la oportunidad de aproximarse al canon absoluto.Llevamos el "mens sana in corpore sano" a tales extremos que algunos han hecho de tal frase, su religión, claro que como todo listo devoto sincrónico, la interpreta y practica a su conveniencia (un sayo de la sua capa labora), ignorando lo de cultivar la sapiencia y enganchándose a la más corpórea moda metrosexual, con demencia.

Mucho músculo y poco seso (sin X).
"La arruga es bella si se lleva con pasión" (Monosabio)

Apunte (momentos felices).

 A veces nos creemos en la posesión de la verdad absoluta y como una auténtica hemeroteca del saber escribimos o proclamamos palabras, carentes de lógica (sin ser aplastante); proclamamos definiciones a medias (tintas / no enteras) y no comprendemos con total seguridad el significado de algún vocablo. Tal es el caso de una palabra siempre en boga: felicidad. Ese “vellocino de oro” que todos deseamos y que pocas veces conseguimos encontrar, esa quimérica realidad tan poco disfrutada y que como todas las esencias cortas (de pequeño tamaño temporal) sabrosa “in extremis”.

Según Albert Figueras, en su libro “Optimizar la vida”, la felicidad entendida como un estado permanente de bienestar absoluto, no existe. Es un estado momentáneo, una sensación fugaz, que experimentamos en momentos de nuestra vida.

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Yo opino (bajo mi simiesco intelecto) que la felicidad no es un todo, no se puede ser feliz continuamente en el tiempo, en esa magnitud tan solo encontraremos esa eventualidad puntualmente. También es poco posible llegar a ese codiciado estado compelidamente, no es el “Santo Grial” que todos soñamos poseer a base de esforzarnos en nuestras relaciones y quehaceres tratando de acelerar su búsqueda; Ser feliz a veces se encuentra sin darnos cuenta y cuando más lo deseamos, simplemente no aparece. Sublime nirvana inverosímil de difícil acceso.

Concluyo con una frase de Antonio de Saint-Exupery: "Si quieres comprender la felicidad, tienes que entenderla como recompensa y no como fin".

Mirada afgana.

Una mirada es el espejo del alma de quién la realiza. Puede matar o enamorar (Cupido flechazo insalvable) e incluso a veces, adivinamos en esos ojos intenciones venideras cargadas de adjetivaciones perversas, en los mejores casos antónimamente benévolas.

Puede ser: reconfortante, beligerante, cálida, huidiza, alegre, triste, altiva, cabizbaja, sutil, impetuosa, fija, perdida, férrea, cándida, fugaz, penetrante, fogosa, dulce, desencajada, ingrávida, aplastante, excitante, provocadora...

Puede transmitir, al que es blanco de ella: sosiego, inquietud, felicidad, tristeza, miedo, simpatía, odio o pasión.

Una mirada puede ser todo o nada, un mar de dudas o un océano de tranquilidad.

Azules de aguamarina, esperanzadores verdes, negros azabache o marrones de avellana, colores que reflejan sentimientos, a veces opacos e intranscendentes con un velo de hipócrita maldad, otros muestran su desnudez con la generosidad exacerbada que regala su inherente calidad humana.


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Ella mira ausente, denotando falsa calma, quizás presintiendo tiempos que han de venir, vanos, estériles... bañados en un lodo inmundo y sanguinolento. Años de hostilidad, fruto de la magna impunidad de señores de la guerra (canes belicosos) al abrigo de una capa de poder. A pesar de su ausencia, sus ojos son bellos, ojos serenos. Preciosas esmeraldas que atesoran todo un pueblo (-icono enciclopédico de una casta-).

No descansó el artista “fotocaptor” hasta encontrarla, tras una “bidecada”, volvió a contemplar la magia de sus pupilas.

http://magma.nationalgeographic.com/ngm/afghangirl/
Mirada: Acto de fijar la vista en un objeto aplicando juntamente la atención. ¿? dfgfffff.gif

Tiempo de muertos.

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Anteayer fue la noche de difuntos –Halloween dirían los más in- como tradicionalmente se le denominó a esa noche en que todos los no vivos deambulan fuera de sus eternas moradas (abandonando trajes de madera) y en un baile macabro y enloquecedor dejan atrás el humus que los sumerge para mezclarse con los no muertos (vivos al bollo) y saborear, las casi olvidadas por el tiempo, mieles mundanas.

Me pregunto: ¿Qué vida más triste la de los muertos, o debería decir, qué muerte más triste la de los no vivos?. Vida realmente no puede tener un muerto (fallecido de por vida).

El disfrutar de lo bueno que tiene la vida no es sino un reafirmar nuestra vivacidad (nos divertimos, luego existimos). Nos aferramos a lo mundano a base de degustar pequeñas cosas agradables a los sentidos que hacen que olvidemos (o no pensemos) en nuestro escrito final, irremediable.

El hombre, como ser, es una máquina perfecta, incluso con su insoportable levedad encuentra los mecanismos para resignarse y sobrellevar ese ineludible final que nos depara el destino, lejano siempre en nuestro presente pero subconscientemente ahí.

Muchas personas admiten no tener miedo a la muerte ( no a la parca que es fea, segadora, inoportuna...) y en realidad ese trance en sí mismo, es lo que sigue a la vida, la continuación, la resolución de un problema casi matemático de la existencia (vida, biológicamente hablando), algo parecido al último acto de una obra, que de no existir no tendría sentido la función. Analizado fría y sensatamente no debe amedrentar. Es ese temor a lo desconocido, ese insospechado pozo oscuro y sempiternamente frío, que todos nos imaginamos, lo que hace que la sola idea de la muerte nos resulte terrorífica, y el despojo de nuestros lazos terrenos, a que nos somete, en demasía, cruel.

La muerte nos llegará a todos, como llega la adolescencia, madurez y vejez, mientras eso sucede tratemos de disfrutar de lo que nos rodea, y que tal “acabose” suceda (como siempre digo) cuanto más tarde mejor.

¡Gracias por darme tanto, vida!

Imágenes comentadas (o pequeños trozos de una interesante visualización cotidiana).

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La naturaleza generalmente nos brinda la posibilidad de contemplar su belleza en todo su esplendor, al menos sus alardeantes signos externos invitan a su contemplación, como si de un ritual se tratara nos va poco a poco sugiriendo esa relajante idea de sosiego que toda persona anhela, después de vivir (o como algún intelecto postmoderno dijo: malvivir ) en esta acelerada y nada recomendable vida de lobos que llevamos (sin llegar a aburrir: mal llevamos) en nuestra ajetreada época.

En ella, se descubre ese orden natural que posee intrínsecamente: Todo en ella es lógico, nada es por casualidad. Solo nosotros la transformamos a nuestro capricho o interés, a veces, incluso me atrevería a decir, casi acabamos con ella. El hombre desde remotos tiempos intenta descubrir, colonizar, investigar en su virginal estado, haciendo de ese gesto una victoria placentera que no es otra cosa que una vanidosa forma de querer hacer notar nuestro poder. Somos más inteligentes que los animales, podemos transformar el medio ambiente, incluso nos creemos a pies juntillas que tenemos la potestad y los medios de ser más fuertes que ella.

Esa sensación de tranquilidad que inspira, ese multicolor cuadro de sensaciones y su frescura, nos lleva directamente a pensar en nuestros mejores recuerdos, imborrables días de felicidad, momentos de nuestra juventud que por ser frescos nunca pasaran a ese enorme depósito de reciclaje neuronal que abarca todo nuestro lastre de vivencias negativas.

A veces, desnudar nuestra mente mientras nos dejamos poseer por su magnanimidad, resulta ser de lo más gratificante, intentando percibir esa multitud de pequeñas entidades que rítmicamente orbitan para ofrecernos bienestar.

La naturaleza es sabia (es bien sabido) y vaya si lo es!. Nada es mas fuerte que los elementos.


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Me viene a la cabeza, al contemplar ésta imagen, una frase –del poeta francés Paul Éluard- que pasará a la posteridad como una gran verdad: “Hay otros mundos pero están en éste”. Claramente se adivina que se sentenció en tiempos algo ya lejanos por su latente anacronismo y aunque en nuestro tiempo actual conocemos la existencia de otros planetas e incluso otras galaxias, no por ello esta frase ha perdido toda la verdad que encierra.

Toda la gran maquinaria de la investigación astronáutica gasta miles de millones de dólares en pretender llevar al hombre más y más lejos, conseguir el descubrimiento de una incipiente vida, un microorganismo que nos de la certeza de que no estamos solos, al menos biológicamente (tiempo ha que descartamos en mentes realistas de la no cohabitación con seres inteligentes de más allá de nuestro planeta azul). Pienso que todo ese presupuesto “astronómico”, nunca mejor denominado, nos dejará un buen legado de conocimientos científicos que utilizaremos sabiamente, como siempre ha hecho el hombre y que serán aplicados en distintas ciencias o disciplinas, pero que hoy en día, creo, no son la principal misión ni la razón de estas expediciones. Solo hay que ver los lucrativos viajes de placer organizados al espacio y de un uso exclusivamente pudiente para adivinar la prisa que hay por descubrir nuevos mundos o nuevas identidades. ¿Será posible que nos encontremos dentro de algunas décadas formando verdaderas colonias en La Luna, creando un incipiente y voraz negocio inmobiliario con apartamentos selenitas no aptos para bolsillos de a pié?. ¿Todo esto no será alevoso y premeditado?. ¿Acaso no estaremos asistiendo a la trama de una incipiente-voraz mercadotecnia que con excusas científicas va desenterrando poco a poco sus armas de negocio?.

Sí que hay otros mundos, otras formas de vida que sin salir de nuestro globo terráqueo están aún por descubrir. No conocemos nada de ciertas profundidades oceánicas y de algunos seres que habitan en la zona abisal... Nunca se ha llegado a algunas altas cumbres y menos aún, se ha viajado mecánicamente al centro de la Tierra... Desconocemos una inmensa cantidad de pequeños organismos unicelulares, tan solo visibles en el microscopio, que todos ellos forman un verdadero “microcosmos”... No sabemos nada de algunas civilizaciones arcaicas e incluso de tribus actuales que viven en una verdadera edad de piedra...El Amazonas no está aún totalmente explorado...Y los grandes azotes de la humanidad, como es el cáncer y el sida, nos hacen sentirnos aún como grandes analfabetos en la ciencia. Son grandes retos que el hombre debería afrontar y pienso que con ello igual quedarían contestadas muchas incógnitas que buscamos ahí fuera.



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Algo flota en la noche haciendo que todo lo que nos rodea parezca sumido en una dimensión mágica que agobiantemente hace desear que nunca acabe (o que no se rompa-ya se cantó-). Es como si el próximo amanecer, con su imaginado halo de frialdad, nos fuera a dar una somera bofetada. Y es que en esas noctámbulas y desahogadas horas, nuestro intelecto pasa a ser poseído por las más insospechadas e iluminadas ideas si estamos en una rigurosa charla con nuestra inseparable amiga almohada, o en caso contrario y descansando sobre el regazo de Morfeo, liberamos parte de nuestra periódica carga emocional y adentrándonos en el apacible REM, nuestro subconsciente pasa a un gratificante status de sosiego.

Un delgado hilo separa la realidad de lo ensoñador en ese amanecer incipiente, es solo un instante que nos adentra en una nueva jornada de nuestra realidad. La noche es pura fantasía, noche de San Juan en la que el fuego y el placer se mezclan en un extraño, complicente, fascinante juego terrenal, ancestral ritual pagano en donde el calor de la hoguera propicia las más exaltantes danzas que se desenvuelven excitantes bajo ese tibio manto que posee.

Mientras la ciudad duerme y la inquietante oscuridad, solo rota por centelleantes luces artificiales, lo inunda todo, algunas sombras aún se deslizan lenta y monótonamente en un lento y acompasado desfile por sus calles mil veces pisadas. Esas tenues figuras vagan en un devenir lento por aceras, avenidas sin fin, entre semáforos intermitentes carentes de policromía, ensimismados en su neurosis ámbar.

Algunas luces se apagan ya, mientras el neón (incansable) a tempo nos tedia, dejándonos su mensaje una y otra vez...autómata, repetitivo e intrascendente. Se recoge la última silla del café en el boulevard de algún que otro sueño roto, una pareja entre sombras, a la luz de una farola románticamente ultiman su adiós eterno, envueltos en reflejos mate en donde brilla el añil, por su ausencia, entrelazándose desesperadamente.