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Bitácora del monosabio

Pasado, presente y futuro.

Pasado, presente y futuro. Incesantes los días, caen del almanaque de nuestra existencia como losas inamovibles, perpetuamente en el pasado quedan, haciéndonos recordar lo que no llegamos a realizar o concluir. Ardua y veloz llevan su acompasada caída hacia ese rincón del olvido y en su caer acelerado un subliminal “Tempus fugit” nos inquieta; evocándonos lo que fuimos, haciéndonos pensar lo que ya no seremos. 

Con esa perspectiva de la retaguardia temporal (recordar aderezado) afrontamos el futuro, siempre con la sombra de la incertidumbre. El ser humano siente miedo a lo desconocido y aunque necesita y le fascina descubrir, conquistar...la sola idea de su intangibilidad le resulta desconcertante; lo imagina (el por-venir) impregnado de una inseguridad premeditada.

 
Por otra parte, la “circunstancialidad” (den por correcta la expresión) temporal de la persona –tomando la premisa del maestro Jose Ortega y Gasset: Yo soy yo y mi circunstancia”- tan solo podemos definirla en un plano presente o pasado: El “soy” y el “era” son realidades conscientes, actos definidos (circunstancias acontecidas o que acontecen), mientras que situadas en el futuro (“seré”), son siempre obligatoriamente imaginadas. 

De dónde venimos, qué hacemos aquí y hacía dónde vamos
, son las tres grandes preguntas que siempre se ha hecho la humanidad. Si las analizamos, vemos que cada una corresponde a un vector de las tres dimensiones temporales: pasado, presente y futuro. Preguntas sin respuesta aparente, que encauzamos individualmente según nuestras convicciones dándoles un “porque” alentador y expectante a la vez.

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