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Bitácora del monosabio

La rebelión de la razón.

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-“No hay mal que 100 años dure...”- reza el dicho popular.
Las masas se revelan ante la sinrazón (ilógica equivocación consentida), intentando restablecer el modo natural, que de por sí, tiene la vida social en sus distintos órdenes. Éste movimiento improvisado y sin premeditación, no atiende a grupos raciales e ideologías, es el fruto altisonante de la expresión justa, que todo sujeto hace de su conciencia (anélido inquieto y roedor del alma).

Se puede ser rebelde sin pronunciar una palabra. Un solo gesto basta para cambiar una realidad impuesta, descompensada en su razón, que nos hace en su fin, entidades de precaria dignidad.

Con solo un punto de apoyo se puede mover el mundo; una frase puede hacer caer todo un imperio y un monosílabo ser la causa del comienzo de una guerra, embrionariamente injusta y desigual en sus trances, en la que con tradición temporal y sin laxitud, campará a sus anchas haciendo gala de su más descarnada faz, la muerte.

La guerra es un mal –que ya duró 100 años- que con dificultad globalmente se erradicará, ya que ésta se nutre y ceba en los fangos de la maldad humana, alentando en el individuo( “meneando el detritus”) sus mas bajos instintos pecaminosos, creciendo como una lengua de lava en su soliloquio exterminador.

“El pájaro real sobre la ciudad solar,

siete meses antes habrá hecho nocturno augurio,

sobre el muro de Oriente caerá trueno, relámpago,

siete días a las puertas estarán los enemigos”.

(Notradamus, profecia 81. V centuria.)

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