Irracionalidad animal.
Aunque nos cueste reconocerlo, en muchas ocasiones nuestro instinto animal nos juega una mala pasada, resurgiendo en nuestros actos y recordándonos nuestros orígenes como especie; es inevitable pensar que en nuestros genes queden vestigios de esa particularidad y psicológicamente imposible ignorar tal circunstancia, que se hace latente en numerosas situaciones que vivimos periódicamente.
Aunque somos sociables, inteligentes y sentimentales, también tenemos la facilidad de ser todo lo contrario: beligerantes, torpes y crueles. El sabio Salomón en su más famosa sentencia bíblica, ya nos dejó patente su justa “crueldad”, cuando resolvió partir por la mitad el cuerpo de un niño, para satisfacer ambas partes en litigio.
La consecuencia en el tiempo, del acto original de lanzar un hueso o piedra a un congénere enemigo por parte de un simio, en el paleolítico, se traduce hoy a las distintas contiendas entre pueblos, en la mayoría de los casos por problemas de creencia religiosa o ideológicos, como ejemplo tomo el conflicto árabe-israelí, que enquistado en el tiempo, nos demuestra la capacidad humana de crear toda una filosofía y forma de vida (“modus vivendi”) de la guerra. Todo un circulo vicioso, que se muerde la cola regocijándose en su propia inmundicia: -La solución para la paz la tiene el enemigo, mientras lo mato-.
Aún nos protegemos en grupo y las creadas fronteras (baluartes de vergüenza) son nuestra mayor defensa, aunque ya, físicamente expugnables, nos servimos de otras barreras psicológicas de verdadera exclusión, que en nuestra sociedad están establecidas densamente, dejando entrever nuestra faceta xenófoba más hostil y depredadora.
-Somos animales racionales que irracionalmente actuamos-
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Rey Sim -
Dammy -