Hay que llegar puntual al trabajo, a la cita médico-ambulatoria (3 minutos fonendoscópicos), la cerveza del medio día (que no se enfríe ), el vino (y se fué) idem; y no olvidemos con puntual disciplina teutónica, abonar nuestras facturas en el banco (-ban de bandidos Corporation: ban-co., aunque lo de Botin tiene peor concordancia ); hasta para morirse hay que pagar! y con prestosidad. Tampoco se puede –debe- acudir en deshoras a casa (sopena regañina femino-moral y pernocta con seudo alejamiento lechal); es decir, o somos puntuales o nos luce ipso-facto la alopecia (bisoñé a algunos) por mucho que dentro de 100 años seamos calvos todos...
Concluyendo: unas prisas bien llevadas, sin sorpresas de última hora, multas de tráfico (restada alevosa puntual), respetuosas con nuestra integridad físico-emotivo-sensorial, serán nuestras inseparables compañeras de viaje, aunque teniéndolas como aliadas, para que queremos enemigas, decía el pícaro...